martes, 18 de octubre de 2016

¿Fumar es un Placer?

EL CIGARRILLO (DE TABACO) EN MEXICO

Rogelio Martínez Vera

“Fumar es un placer genial, sensual/ fumando espero a la mujer que quiero/ tras los cristales de alegres ventanales/ y mientras fumo mi vida no consumo/ porque flotando el humo me suelo adormecer”. Así expresa la primera estrofa de un popular tango de Carlos Gardel, estrenado en Buenos Aires en 1922 y que rápidamente fue conocido en todo el mundo. Ya en ese momento y desde finales del siglo XIX, el acto de fumar tenía un significado especial: era sinónimo de elegancia, de buena educación y de gustos refinados entre las clases pudientes del país y para muchos, un símbolo de ser ya, gente mayor. Desde luego, el precio de los cigarrillos de buena manufactura resultaba caro e inaccesible para las clases populares, pero existían cigarrillos de baja calidad que se vendían a precios bajos para el “pueblo”. Para Gardel, la vida no se consumía y si en cambio se adormecía con el humo del cigarrillo dentro del cuerpo de ese infeliz mortal. Ambos eran síntomas de un estado alterado de la conciencia que entonces se veía como un enorme privilegio.

“Tendido en el sofá fumar y amar/ veré a mi amada solícita y galante/ sentir sus labios, besar con besos sabios/ y el devaneo sentir con más deseo cuando en su cara veo/ ojos sedientos de placer”. El poeta-cantante veía a su amada en esa alegoría, con el deseo no provocado por el simple acercamiento de los cuerpos sino algo más: vivir unos ojos sedientos de placer, atribuible al humo de un cigarrillo. Luego al tabaco se le veían propiedades afrodisiacas.

“Por eso estando mi bien/ es el fumar un edén/ dame el humo de tu boca/ dame que tu pasión provoca/ corre que quiero enloquecer de placer/ sintiendo ese calor/ del humo embriagador/ que acaba por prender la llama ardiente del amor”.

Este famoso tango fue cantado mundialmente entre la época en que se estrenó, y prácticamente hasta los años sesenta, cuando Sarita Montiel lo interpretó en la película española titulado “El Último Cuplé”. Esa melodía fue toda una apología para el vicio-adicción-enfermedad de fumar, puesto que muchos hombres, mujeres y aún adolescentes, lo hacían con singular alegría en búsqueda del amor y de un inexistente placer sexual.

En el caso de los adolescentes entre 10 y 16 años, el acto de fumar no era un afrodisiaco propiamente dicho.  Para muchos de ellos aún no se había presentado la libido, como impulso sexual que indujera a acercarse al ser amado y estrecharlo en sus brazos y…… todo lo demás.  No. Se intentaba y en muchos casos se lograba fumar y seguirlo haciendo, porque con ello probaban a sus demás compañeros “que ya eran hombres”.

Al término de la revolución Mexicana, había en el país, más de cuatrocientas pequeñas fábricas, que vendían regionalmente sus productos a los consumidores. Para la tercera década del siglo XX, todas esas empresas desaparecieron o fueron absorbidas por los grandes fabricantes: La Fábrica de Cigarros “La Nacional”, “El Buen Tono”, “La Tabacalera Mexicana” y la Compañía de Cigarros “El Águila”; más tarde nacieron otras dos importantes fábricas:  “Baloyán” en Baja California y “La Moderna”, en Monterrey, N.L.

Entre 1920 y prácticamente 1960, el uso generalizado del cigarrillo no encontró escollos, gubernamentales, ni sociales o culturales. Se consideraba como un producto de uso constante, aceptado y recomendable. El filósofo chino Lin Yutang decía: “desconfía de aquella casa que carece de ceniceros”. Es decir, afirmaba este pensador que las personas que fumaban eran más confiables que las personas que no lo hacían. Sólo había restricciones para fumar, en las salas de cine de primera categoría y en los teatros elegantes.  

En la filmación de películas o aún en programas de televisión, todos los actores y algunas actrices, sobre todo las que filmaban escenas de mujeres muy vividas, éstas se acompañaban del cigarrillo como un atuendo más de su arreglo personal. En los restaurantes muy concurridos, los cabarets, en los teatros de segunda o ulterior categoría y otras salas de espectáculos públicos, era usual la densidad del humo del tabaco a tal grado, que se dificultaba apreciar a veces, hasta el espectáculo mismo.

Las personas de aquella época, en enorme proporción, se dedicaban a fumar y experimentar con algunas de las numerosas marcas que había para las posibilidades de todos los bolsillos y gustos. Se producían y vendían, los cigarrillos “Elegantes”, “Rusos”,  “Carmencitas”, “Delicados” y “Faros”. Estos últimos, por su popularidad y bajo precio, alcanzaron altas ventas y se acumularon en torno a ellos varios dichos. Se decía por ejemplo: “ya chupó Faros”, para referirse a una persona que  había muerto o, “Ay farito, ni que fueras lucky strike”, para expresarse de una persona, que siendo alguien vulgar y sin categoría, se creía importante, rico, sabio o poderoso.

Otras marcas de cigarrillos eran: “Monarcas”, “Tigres”, “Argentinos”, “Casinos”, “Polares”, “Caprichos”, “Gratos”, “Embajadores”, “Bohemios”,  “Alas” Azules y “Alas” Extra, que eran de mejor calidad. Todos los que para nada somos jóvenes, recordamos a los cigarrillos “Monte Carlo 20” y Monte Carlo Extra”, a los “Belmont”, que lucían una cajetilla muy elegante, a los cigarrillos, “Fiesta”, “Rialtos”, “Dominó”, “Baronet” y “Del Prado”. Para la década de los años cincuenta se empezaron a poner de moda y a tener una gran penetración en el mercado, cigarros con nombres extranjeros: “Boots”, “Montana” y “Raleigh”, con filtro y sin filtro, fabricación que se hacía mediante un permiso de marca de las fábricas extranjeras.

Al inicio de la década de los años sesentas, se enfrentaron las autoridades a un  problema, que al principio fue pequeño, pero que rápidamente creció de manera  importante: el contrabando de cigarrillos de manufactura sobre todo estadounidense, que tuvieron éstos una gran aceptación entre las clases media y alta.

También, hacía el inicio de la década de los sesentas, el fisco federal se percató que la fabricación de cigarrillos les dejaban muy buenas utilidades a los fabricantes y aunque había ya un impuesto federal aplicable, este era realmente muy modesto y por ello, se dieron a la tarea de elevar considerablemente las tasas, tomando en cuenta los precios de fábrica de cada producto. Así se llegó en poco tiempo,  a una elevación de tasas e impuestos superiores al precio de los cigarrillos, que hizo de esto, un enorme filón contributivo para el fisco. Creían las autoridades que con esa simple medida iban a frenar el cada día más creciente consumo de tabaco pero no fue así, puesto que al tener los cigarrillos mexicanos precios de venta al público, tan similar a los cigarrillos extranjeros, empezó a ser un gran negocio el contrabando de estos productos, por su enorme aceptación y demanda entre los fumadores.

Finalmente, a partir de la década los ochenta, con motivo de la globalización, empezaron a entrar libremente al mercado cigarrillos de marcas extranjeras, hasta que -y esta es la situación actual-, las fábricas mexicanas de estos productos, ya sea por las famosas alianzas estratégicas o por adquisición de la mayoría de las acciones, se encuentran en poder de las empresas extranjeras. “Pallmall”, “Camel”, “Lucky Strike” y “Marlboro”. Son marcas de cigarrillos ya naturalizadas en nuestro país.

Para esas fechas (década de los ochenta) las autoridades mexicanas, se dieron cuenta de que el consumo de este producto era nocivo para la salud y emprendieron una interminable campaña para combatir su utilización. Se ordenó a los fabricantes que colocaran en cada cajetilla un anuncio que dijera que el consumo de ese producto, era nocivo para la salud; se elevaron los impuestos a niveles impensables y se combatió el contrabando, pero el consumo de los cigarrillos crecía a ritmo acelerado; se prohibió el anuncio de estos productos en radio, televisión y medios impresos, pero el consumo de cigarrillos seguía y…. ha seguido creciendo, sobre todo, entre los jóvenes de ambos sexos.

El último esfuerzo del Gobierno es la Expedición de una Ley Federal Contra el Consumo de Tabaco, que prohíbe fumar en locales cerrados (restaurantes, escuelas, oficinas, bancos, aviones, autobuses y taxis). Pero el problema no se ha logrado detener.


¿Fumar es un placer genial, sensual? ¡NO! Fumar es causa de cáncer y otras graves y mortales enfermedades. Lástima que más de un tercio de nuestra población no lo entienda así, sobre todos, nuestros jóvenes.


1 comentario:

  1. La canción a la que hace alusión este artículo, en cuanto a melodia y rima es increible!! No obstante pensando en el olor del cigarro y el daño que hace es cualquier cosa menos sexy o sensual. Espero que la canción haya tenido todo el éxito que merecía, en el pasado, porque actualmente, con lo que se sabe del cigarro, creo que no tiene ninguna oportunidad. Impresionante es leer en este artículo las numerosas marcas de cigarros que había y muy simpático el dato de las frases que se formularon en torno a ellas!

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