miércoles, 26 de octubre de 2016

El drama del petróleo en México

PEMEX. EMPRESA EN EXTINCIÓN?
Rogelio Martínez Vera

      La reforma constitucional consistente en ya no considerar a los actos de exploración, explotación, refinación, distribución y comercialización del petróleo como una área estratégica del Estado, para permitir que empresas  privadas puedan realizar estas actividades, ha traído consecuencias de muy grave repercusión política, económica y social en toda la vida  del país. En efecto, con las reformas constitucionales que se llevaron a cabo en materia energética, tanto petrolera como en el área de la industria eléctrica, los  impactos que se están sufriendo en el campo laboral sobre todo, en aquellas regiones con marcada acentuación en la producción, transformación o refinación de los derivados del petróleo, son de alcances incalculables. 

La situación aún no toca fondo y ya surgieron diferentes y delicadas situaciones que han alterado la vida de algunas regiones de nuestro país. Cd. del Carmen en Campeche, Poza  Rica, Túxpan, Cerro Azul, Minatitlán y Coatzacoalcos en Veracruz, así como Villahermosa y Frontera en Tabasco, y algunas otras poblaciones de Tamaulipas, como Cd. Madero, Tampico y Reynosa están resintiendo mediante un alarmante desempleo, el “vuelo en picada” que experimenta PEMEX.

¿Cómo y cuándo empezó a generarse la crisis de esta otrora poderosa empresa? Bueno, esta crisis no surgió de improviso, es el producto de muchos, muchos años de saqueo y abandono de lo que fue hasta hace poco. Repasemos juntos, algo de la historia de esta otrora gran organización empresarial.

En los años siguientes a 1938, época de la expropiación, esta empresa petrolera mantuvo un bajo perfil, tanto en materia de producción, como desde luego, en las áreas de transformación, refinación y venta de productos petroleros. Este organismo, en las décadas de los años cuarenta  y cincuenta del siglo pasado, tuvo un crecimiento y desarrollo  gradual, gracias a los subsidios que le eran otorgados por el gobierno federal, por sus incrementos en la producción y por el aumento paulatino de sus exportaciones de petróleo crudo.
También, a raíz de la expropiación, el gobierno de la República se percató de que la empresa no podía operar con sus propios recursos de manera eficiente y por ello, decidió que la comercialización al menudeo de sus productos, quedarían en manos de los particulares, mediante el otorgamiento de las concesiones correspondientes y así, la venta de gasolina y aceites para motores y de gas, fueron comercializados el menudeo por las empresas particulares que recibían las correspondientes concesiones. Se empezaron a instalar por toda la República, gasolineras y empresas comercializadoras de gas, de propiedad particular.

Con estas dos variantes: el otorgamiento de fuertes subsidios gubernamentales y el otorgamiento de concesiones a particulares para la comercialización de los productos petroleros, se inició la vida económica de esta empresa paraestatal. A tal grado era la debilidad económica de este organismo público, que hacía mediados del siglo XX, algún periodista mordaz, expresó que PEMEX era un apócope de “Perdidas Mexicanas”. En la década de los sesentas, la empresa empezó a trabajar con un superávit creciente y ahí se fincó su consolidación pero, simultáneamente apareció también la rapiña: el gobierno empezó a disponer de los ingresos petroleros, aplicándolos al gasto público, los directivos de la paraestatal, el sindicato y hasta los trabajadores, empezaron a medrar a costa de la empresa: Los grandes gastos reportados –muchos de ellos inexistentes-, los altos sueldos y prestaciones de los funcionarios y empleados, las nóminas fantasmas que presentaba el sindicato petrolero a la empresa y desde luego, el amplio y bondadoso programa de pensiones y jubilaciones, hicieron manifiestamente ruinosa la operación de la paraestatal. La corrupción se apersonó en todos los ámbitos de la empresa. Nadie, ni funcionarios, líderes sindicales o trabajadores fueron ajenos a este cáncer que corroyó hasta las entrañas del organismo.  
  
Al comienzo de la década de los años setenta, la situación económica de la paraestatal mejoró súbitamente: nuevos hallazgos petroleros, aunado a  fuertes inversiones que se habían ya, venido realizando en materia de infraestructura, hicieron que este organismo empezara a obtener, por exportaciones de petróleo crudo, crecientes ingresos que transformaron su situación financiera en algo parecido a un sueño. En 1977 se dieron a conocer los hallazgos petroleros en yacimientos marinos. El pozo Cantarell fue la “Lámpara de Aladino” que prohijó inmensas riquezas al estado mexicano. Esta situación, aunada a un aumento exagerado del precio del petróleo en el mercado mundial, hacían que México se erigiera como una potencia petrolera. A tal grado fue la embriaguez de los petrodólares que ingresaban al país, que un Presidente (López Portillo) dijo públicamente: “Tenemos que aprender a administrar nuestra riqueza”.

Las finanzas públicas se petrolizaron. El gasto público estaba apoyado en un alto porcentaje en los ingresos petroleros. Se aumentó exageradamente el citado gasto público en la misma proporción en que se descuidaron los programas de la recaudación fiscal federal, y sobre todo, de los estados y municipios, quiénes se volvieron aún más dependientes del gobierno federal. El gobierno de la República cometió el error de empezar a gastar lo que no tenía aún. Con el aval de las reservas petroleras, se concertaron fuertes empréstitos “al fin que teníamos con qué pagar”: con los ingresos que generaría el petróleo.

Pero, no contaban nuestros gobernantes con un descenso abrupto de los precios del petróleo en el mercado mundial. Así se vio en tan sólo tres años –entre 1981 y 1983-, que el precio del barril de crudo descendió de un valor de más de cien dólares a doce o catorce dólares. La debacle no se hizo esperar. Los ingresos petroleros no le alcanzaban al gobierno para pagar siquiera los intereses de la crecida deuda pública contratada –y gastada- imprudentemente.

En el transcurso de la década de los noventa, el Gobierno desligó en buena medida el gasto público de los ingresos petroleros, pero no obstante, estos ingresos siguieron llegando a las arcas públicas, dejándole a la paraestatal un margen muy escaso de recursos para invertirlos en mejoras tecnológicas. Teníamos petróleo en la zona económica exclusiva del mar, pero no teníamos ni la maquinaria ni la tecnología para explotarlo, Carecía PEMEX de capital de trabajo y pues, empezamos a alquilar maquinaria petrolera  y a contratar técnicos extranjeros que la manejaran. Los costos de operación en PEMEX crecieron desmedidamente los que aunados a los derroches dentro de la paraestatal y a los numerosos actos de corrupción, no existían recursos para reconstituir y modernizar a la empresa. Por el contrario, se clausuró el Instituto Mexicano del Petróleo, un organismo encargado de hacer estudios e investigaciones en esta amplia materia, y en su lugar, se compraba tecnología extranjera.

En esta misma década de los noventa, se hicieron reformas al artículo 27 Constitucional, para permitir que las empresas extranjeras colaboraran abiertamente con PEMEX en actividades petroleras, permitiéndoles celebrar los llamados “contratos de riesgo”. A partir de entonces, se estableció una semiprivatización de esta empresa del estado. De esta forma, PEMEX se liberó de cuantiosas inversiones en maquinaria y tecnología petrolera, pero tuvo que empezar a pagar fuertes cantidades de dinero por el petróleo extraído así como cuantiosas participaciones en rendimientos.

Se hicieron importantes modificaciones a las normas legales que regulaban, tanto la petroquímica básica, que debería estar en manos de la paraestatal, así como de la petroquímica secundaria, que podía ser una actividad productiva del sector privado (industrialización de los derivados del petróleo). Se amplió casi hasta el infinito el cuadro de la petroquímica secundaria y consecuentemente, esta actividad industrial dejó de pertenecer al organismo público, para pasar a manos del sector privado. Casi de inmediato, fueron vendidas las plantas denominadas “La Cangrejera” y el complejo industrial “Pajaritos”, ambos ubicados en el sur del estado de Veracruz. El gobierno pensionó o liquidó a todos los trabajadores de sus plantas, pero actuó con congruencia: Pactó con los nuevos propietarios de estas grandes empresas, para que recontrataran a todos los trabajadores despedidos que mostraran capacidad, experiencia y buena disposición. El impacto del desempleo fue mínimo en la región.

Finalmente, en fecha reciente, se completó la reforma constitucional, al permitir que las empresas privadas puedan competir con PEMEX en la producción, transformación, distribución y comercialización del petróleo y sus derivados. Pero a PEMEX  le “cortaron las alas” para poder volar, ya que lejos de ampliarle su presupuesto para adquirir maquinaria moderna y tecnología de punta, se le redujo en el año 2,016 su presupuesto ya aprobado,  en más de 132 mil millones de pesos, obligándolo a disminuir drásticamente sus operaciones. 

Se cancelaron proyectos, se rescindieron contratos con empresas que trabajaban para la paraestatal, y se mandaron a la calle sin ninguna esperanza, a millares de trabajadores, ocasionando con ello en diversas regiones -Carmen entre las más afectadas-, un verdadero desastre económico. Olvidó el gobierno que, por cada empleo petrolero, se generan al menos, tres empleos en la industria, el comercio y los servicios luego, no estamos frente a veinticinco mil personas desempleadas súbitamente por PEMEX en las regiones mencionadas; sino que el problema se extiende a más de CIEN MIL PERSONAS que en este momento, no tienen en varias ciudades con influencia petrolera, una fuente de ingresos para su sostenimiento y de su familia. Si consideramos que cada desempleado tiene en promedio, tres miembros que dependen económicamente de ella, bueno,  el problema del desempleo prohijado por la reforma petrolera, afecta directa o indirectamente  a casi CUATROCIENTOS MIL MEXICANOS.


Se les “olvidó” a lo sesudos jerarcas del Gobierno Federal pensar en lo que iba a suceder inmediatamente después de echar a andar la reforma petrolera. ¿Queremos así o más improvisación y torpeza?

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