El drama del
petróleo en México
PEMEX. EMPRESA EN
EXTINCIÓN?
Rogelio Martínez Vera
La reforma constitucional consistente en ya no considerar a
los actos de exploración, explotación, refinación, distribución y
comercialización del petróleo como una área estratégica del Estado, para
permitir que empresas privadas puedan
realizar estas actividades, ha traído consecuencias de muy grave repercusión
política, económica y social en toda la vida
del país. En efecto, con las reformas constitucionales que se llevaron a
cabo en materia energética, tanto petrolera como en el área de la industria
eléctrica, los impactos que se están
sufriendo en el campo laboral sobre todo, en aquellas regiones con marcada
acentuación en la producción, transformación o refinación de los derivados del
petróleo, son de alcances incalculables.
La situación aún no toca fondo y ya
surgieron diferentes y delicadas situaciones que han alterado la vida de
algunas regiones de nuestro país. Cd. del Carmen en Campeche, Poza Rica, Túxpan, Cerro Azul, Minatitlán y
Coatzacoalcos en Veracruz, así como Villahermosa y Frontera en Tabasco, y algunas
otras poblaciones de Tamaulipas, como Cd. Madero, Tampico y Reynosa están
resintiendo mediante un alarmante desempleo, el “vuelo en picada” que
experimenta PEMEX.
¿Cómo y cuándo empezó a generarse la crisis de esta otrora
poderosa empresa? Bueno, esta crisis no surgió de improviso, es el producto de
muchos, muchos años de saqueo y abandono de lo que fue hasta hace poco. Repasemos
juntos, algo de la historia de esta otrora gran organización empresarial.
En los años siguientes a 1938, época de la expropiación, esta
empresa petrolera mantuvo un bajo perfil, tanto en materia de producción, como
desde luego, en las áreas de transformación, refinación y venta de productos
petroleros. Este organismo, en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, tuvo un
crecimiento y desarrollo gradual,
gracias a los subsidios que le eran otorgados por el gobierno federal, por sus
incrementos en la producción y por el aumento paulatino de sus exportaciones de
petróleo crudo.
También, a raíz de la expropiación, el gobierno de la
República se percató de que la empresa no podía operar con sus propios recursos
de manera eficiente y por ello, decidió que la comercialización al menudeo de
sus productos, quedarían en manos de los particulares, mediante el otorgamiento
de las concesiones correspondientes y así, la venta de gasolina y aceites para
motores y de gas, fueron comercializados el menudeo por las empresas
particulares que recibían las correspondientes concesiones. Se empezaron a
instalar por toda la República, gasolineras y empresas comercializadoras de
gas, de propiedad particular.
Con estas dos variantes: el otorgamiento de fuertes subsidios
gubernamentales y el otorgamiento de concesiones a particulares para la
comercialización de los productos petroleros, se inició la vida económica de
esta empresa paraestatal. A tal grado era la debilidad económica de este
organismo público, que hacía mediados del siglo XX, algún periodista mordaz,
expresó que PEMEX era un apócope de “Perdidas Mexicanas”. En la década de
los sesentas, la empresa empezó a trabajar con un superávit creciente y ahí se
fincó su consolidación pero, simultáneamente apareció también la rapiña: el
gobierno empezó a disponer de los ingresos petroleros, aplicándolos al gasto
público, los directivos de la paraestatal, el sindicato y hasta los
trabajadores, empezaron a medrar a costa de la empresa: Los grandes gastos reportados
–muchos de ellos inexistentes-, los altos sueldos y prestaciones de los
funcionarios y empleados, las nóminas fantasmas que presentaba el sindicato
petrolero a la empresa y desde luego, el amplio y bondadoso programa de
pensiones y jubilaciones, hicieron manifiestamente ruinosa la operación de la
paraestatal. La corrupción se apersonó en todos los ámbitos de la empresa.
Nadie, ni funcionarios, líderes sindicales o trabajadores fueron ajenos a este cáncer
que corroyó hasta las entrañas del organismo.
Al comienzo de la
década de los años setenta, la situación económica de la paraestatal mejoró
súbitamente: nuevos hallazgos petroleros, aunado a fuertes inversiones que se habían ya, venido
realizando en materia de infraestructura, hicieron que este organismo empezara
a obtener, por exportaciones de petróleo crudo, crecientes ingresos que
transformaron su situación financiera en algo parecido a un sueño. En 1977 se dieron
a conocer los hallazgos petroleros en yacimientos marinos. El pozo Cantarell
fue la “Lámpara de Aladino” que prohijó inmensas riquezas al estado mexicano.
Esta situación, aunada a un aumento exagerado del precio del petróleo en el mercado
mundial, hacían que México se erigiera como una potencia petrolera. A tal grado
fue la embriaguez de los petrodólares que ingresaban al país, que un Presidente
(López Portillo) dijo públicamente: “Tenemos que aprender a administrar nuestra
riqueza”.
Las finanzas públicas se petrolizaron. El gasto público
estaba apoyado en un alto porcentaje en los ingresos petroleros. Se aumentó
exageradamente el citado gasto público en la misma proporción en que se
descuidaron los programas de la recaudación fiscal federal, y sobre todo, de
los estados y municipios, quiénes se volvieron aún más dependientes del gobierno
federal. El gobierno de la República cometió el error de empezar a gastar lo
que no tenía aún. Con el aval de las reservas petroleras, se concertaron fuertes
empréstitos “al fin que teníamos con qué pagar”: con los ingresos que generaría
el petróleo.
Pero, no contaban nuestros gobernantes con un descenso
abrupto de los precios del petróleo en el mercado mundial. Así se vio en tan
sólo tres años –entre 1981 y 1983-, que el precio del barril de crudo descendió
de un valor de más de cien dólares a doce o catorce dólares. La debacle no se
hizo esperar. Los ingresos petroleros no le alcanzaban al gobierno para pagar
siquiera los intereses de la crecida deuda pública contratada –y gastada- imprudentemente.
En el transcurso de la década de los noventa, el Gobierno desligó
en buena medida el gasto público de los ingresos petroleros, pero no obstante,
estos ingresos siguieron llegando a las arcas públicas, dejándole a la
paraestatal un margen muy escaso de recursos para invertirlos en mejoras
tecnológicas. Teníamos petróleo en la zona económica exclusiva del mar, pero no
teníamos ni la maquinaria ni la tecnología para explotarlo, Carecía PEMEX de
capital de trabajo y pues, empezamos a alquilar maquinaria petrolera y a contratar técnicos extranjeros que la
manejaran. Los costos de operación en PEMEX crecieron desmedidamente los que
aunados a los derroches dentro de la paraestatal y a los numerosos actos de
corrupción, no existían recursos para reconstituir y modernizar a la empresa. Por
el contrario, se clausuró el Instituto Mexicano del Petróleo, un organismo
encargado de hacer estudios e investigaciones en esta amplia materia, y en su
lugar, se compraba tecnología extranjera.
En esta misma década de los noventa, se hicieron reformas al
artículo 27 Constitucional, para permitir que las empresas extranjeras colaboraran
abiertamente con PEMEX en actividades petroleras, permitiéndoles celebrar los
llamados “contratos de riesgo”. A partir de entonces, se estableció una
semiprivatización de esta empresa del estado. De esta forma, PEMEX se liberó de
cuantiosas inversiones en maquinaria y tecnología petrolera, pero tuvo que
empezar a pagar fuertes cantidades de dinero por el petróleo extraído así como
cuantiosas participaciones en rendimientos.
Se hicieron importantes modificaciones a las normas legales
que regulaban, tanto la petroquímica básica, que debería estar en manos de la
paraestatal, así como de la petroquímica secundaria, que podía ser una actividad
productiva del sector privado (industrialización de los derivados del
petróleo). Se amplió casi hasta el infinito el cuadro de la petroquímica
secundaria y consecuentemente, esta actividad industrial dejó de pertenecer al
organismo público, para pasar a manos del sector privado. Casi de inmediato,
fueron vendidas las plantas denominadas “La Cangrejera” y el complejo
industrial “Pajaritos”, ambos ubicados en el sur del estado de Veracruz. El
gobierno pensionó o liquidó a todos los trabajadores de sus plantas, pero actuó
con congruencia: Pactó con los nuevos propietarios de estas grandes empresas,
para que recontrataran a todos los trabajadores despedidos que mostraran
capacidad, experiencia y buena disposición. El impacto del desempleo fue mínimo
en la región.
Finalmente, en fecha reciente, se completó la reforma
constitucional, al permitir que las empresas privadas puedan competir con PEMEX
en la producción, transformación, distribución y comercialización del petróleo
y sus derivados. Pero a PEMEX le
“cortaron las alas” para poder volar, ya que lejos de ampliarle su presupuesto
para adquirir maquinaria moderna y tecnología de punta, se le redujo en el año
2,016 su presupuesto ya aprobado, en más
de 132 mil millones de pesos, obligándolo a disminuir drásticamente sus
operaciones.
Se cancelaron proyectos, se rescindieron contratos con empresas
que trabajaban para la paraestatal, y se mandaron a la calle sin ninguna
esperanza, a millares de trabajadores, ocasionando con ello en diversas regiones
-Carmen entre las más afectadas-, un verdadero desastre económico. Olvidó el
gobierno que, por cada empleo petrolero, se generan al menos, tres empleos en
la industria, el comercio y los servicios luego, no estamos frente a veinticinco
mil personas desempleadas súbitamente por PEMEX en las regiones mencionadas;
sino que el problema se extiende a más de CIEN MIL PERSONAS que en este
momento, no tienen en varias ciudades con influencia petrolera, una fuente de
ingresos para su sostenimiento y de su familia. Si consideramos que cada
desempleado tiene en promedio, tres miembros que dependen económicamente de
ella, bueno, el problema del desempleo
prohijado por la reforma petrolera, afecta directa o indirectamente a casi CUATROCIENTOS MIL MEXICANOS.
Se les “olvidó” a lo sesudos
jerarcas del Gobierno Federal pensar en lo que iba a suceder inmediatamente
después de echar a andar la reforma petrolera. ¿Queremos así o más improvisación
y torpeza?
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