EL CIGARRILLO (DE
TABACO) EN MEXICO
Rogelio Martínez Vera
“Fumar es un placer
genial, sensual/ fumando espero a la mujer que quiero/ tras los cristales de
alegres ventanales/ y mientras fumo mi vida no consumo/ porque flotando el humo
me suelo adormecer”.
Así expresa la primera estrofa de un popular tango de Carlos Gardel, estrenado
en Buenos Aires en 1922 y que rápidamente fue conocido en todo el mundo. Ya en
ese momento y desde finales del siglo XIX, el acto de fumar tenía un
significado especial: era sinónimo de elegancia, de buena educación y de gustos
refinados entre las clases pudientes del país y para muchos, un símbolo de ser ya, gente mayor. Desde luego, el
precio de los cigarrillos de buena manufactura resultaba caro e inaccesible
para las clases populares, pero existían cigarrillos de baja calidad que se
vendían a precios bajos para el “pueblo”.
Para Gardel, la vida no se consumía y si en cambio se adormecía con el humo del
cigarrillo dentro del cuerpo de ese infeliz mortal. Ambos eran síntomas de un
estado alterado de la conciencia que entonces se veía como un enorme
privilegio.
“Tendido en el sofá
fumar y amar/ veré a mi amada solícita y galante/ sentir sus labios, besar con
besos sabios/ y el devaneo sentir con más deseo cuando en su cara veo/ ojos
sedientos de placer”. El poeta-cantante veía a su amada en esa alegoría, con el deseo no
provocado por el simple acercamiento de los cuerpos sino algo más: vivir unos ojos sedientos de placer,
atribuible al humo de un cigarrillo. Luego al tabaco se le veían
propiedades afrodisiacas.
“Por eso estando mi
bien/ es el fumar un edén/ dame el humo de tu boca/ dame que tu pasión provoca/
corre que quiero enloquecer de placer/ sintiendo ese calor/ del humo
embriagador/ que acaba por prender la llama ardiente del amor”.
Este famoso tango fue cantado mundialmente entre la época en
que se estrenó, y prácticamente hasta los años sesenta, cuando Sarita Montiel
lo interpretó en la película española titulado “El Último Cuplé”. Esa melodía
fue toda una apología para el vicio-adicción-enfermedad de fumar, puesto que
muchos hombres, mujeres y aún adolescentes, lo hacían con singular alegría en
búsqueda del amor y de un inexistente placer sexual.
En el caso de los adolescentes entre 10 y 16 años, el acto de
fumar no era un afrodisiaco propiamente dicho.
Para muchos de ellos aún no se había presentado la libido, como impulso
sexual que indujera a acercarse al ser amado y estrecharlo en sus brazos y……
todo lo demás. No. Se intentaba y en
muchos casos se lograba fumar y seguirlo haciendo, porque con ello probaban a
sus demás compañeros “que ya eran
hombres”.
Al término de la revolución Mexicana, había en el país, más
de cuatrocientas pequeñas fábricas, que vendían regionalmente sus productos a
los consumidores. Para la tercera década del siglo XX, todas esas empresas
desaparecieron o fueron absorbidas por los grandes fabricantes: La Fábrica de
Cigarros “La Nacional”, “El Buen Tono”, “La Tabacalera Mexicana” y la Compañía
de Cigarros “El Águila”; más tarde nacieron otras dos importantes
fábricas: “Baloyán” en Baja California y
“La Moderna”, en Monterrey, N.L.
Entre 1920 y prácticamente 1960, el uso generalizado del
cigarrillo no encontró escollos, gubernamentales, ni sociales o culturales. Se
consideraba como un producto de uso constante, aceptado y recomendable. El
filósofo chino Lin Yutang decía: “desconfía
de aquella casa que carece de ceniceros”. Es decir, afirmaba este pensador
que las personas que fumaban eran más confiables que las personas que no lo
hacían. Sólo había restricciones para fumar, en las salas de cine de primera
categoría y en los teatros elegantes.
En
la filmación de películas o aún en programas de televisión, todos los actores y
algunas actrices, sobre todo las que filmaban escenas de mujeres muy vividas, éstas se acompañaban del
cigarrillo como un atuendo más de su arreglo personal. En los restaurantes muy
concurridos, los cabarets, en los teatros de segunda o ulterior categoría y
otras salas de espectáculos públicos, era usual la densidad del humo del tabaco
a tal grado, que se dificultaba apreciar a veces, hasta el espectáculo mismo.
Las personas de aquella época, en enorme proporción, se
dedicaban a fumar y experimentar con algunas de las numerosas marcas que había
para las posibilidades de todos los bolsillos y gustos. Se producían y vendían,
los cigarrillos “Elegantes”, “Rusos”,
“Carmencitas”, “Delicados” y “Faros”. Estos últimos, por su popularidad
y bajo precio, alcanzaron altas ventas y se acumularon en torno a ellos varios dichos. Se decía por ejemplo: “ya chupó Faros”, para referirse a una
persona que había muerto o, “Ay farito, ni que fueras lucky strike”,
para expresarse de una persona, que siendo alguien vulgar y sin categoría, se
creía importante, rico, sabio o poderoso.
Otras marcas de
cigarrillos eran: “Monarcas”, “Tigres”, “Argentinos”, “Casinos”, “Polares”,
“Caprichos”, “Gratos”, “Embajadores”, “Bohemios”, “Alas” Azules y “Alas” Extra, que eran de
mejor calidad. Todos los que para nada somos jóvenes, recordamos a los
cigarrillos “Monte Carlo 20” y Monte Carlo Extra”, a los “Belmont”, que lucían
una cajetilla muy elegante, a los cigarrillos, “Fiesta”, “Rialtos”, “Dominó”,
“Baronet” y “Del Prado”. Para la década de los años cincuenta se empezaron a
poner de moda y a tener una gran penetración en el mercado, cigarros con
nombres extranjeros: “Boots”, “Montana” y “Raleigh”, con filtro y sin filtro,
fabricación que se hacía mediante un permiso de marca de las fábricas
extranjeras.
Al inicio de la década
de los años sesentas, se enfrentaron las autoridades a un problema, que al principio fue pequeño, pero
que rápidamente creció de manera
importante: el contrabando de cigarrillos de manufactura sobre todo
estadounidense, que tuvieron éstos una gran aceptación entre las clases media y
alta.
También, hacía el inicio de la década de los sesentas, el
fisco federal se percató que la fabricación de cigarrillos les dejaban muy
buenas utilidades a los fabricantes y aunque había ya un impuesto federal
aplicable, este era realmente muy modesto y por ello, se dieron a la tarea de
elevar considerablemente las tasas, tomando en cuenta los precios de fábrica de
cada producto. Así se llegó en poco tiempo,
a una elevación de tasas e impuestos superiores al precio de los
cigarrillos, que hizo de esto, un enorme filón contributivo para el fisco.
Creían las autoridades que con esa simple medida iban a frenar el cada día más
creciente consumo de tabaco pero no fue así, puesto que al tener los
cigarrillos mexicanos precios de venta al público, tan similar a los
cigarrillos extranjeros, empezó a ser un gran negocio el contrabando de estos
productos, por su enorme aceptación y demanda entre los fumadores.
Finalmente, a partir de la década los ochenta, con motivo de
la globalización, empezaron a entrar libremente al mercado cigarrillos de
marcas extranjeras, hasta que -y esta es la situación actual-, las fábricas
mexicanas de estos productos, ya sea por las famosas alianzas estratégicas o
por adquisición de la mayoría de las acciones, se encuentran en poder de las
empresas extranjeras. “Pallmall”, “Camel”, “Lucky Strike” y “Marlboro”. Son
marcas de cigarrillos ya naturalizadas en nuestro país.
Para esas fechas (década de los ochenta) las autoridades
mexicanas, se dieron cuenta de que el consumo de este producto era nocivo para
la salud y emprendieron una interminable campaña para combatir su utilización.
Se ordenó a los fabricantes que colocaran en cada cajetilla un anuncio que
dijera que el consumo de ese producto, era nocivo para la salud; se elevaron
los impuestos a niveles impensables y se combatió el contrabando, pero el
consumo de los cigarrillos crecía a ritmo acelerado; se prohibió el anuncio de
estos productos en radio, televisión y medios impresos, pero el consumo de
cigarrillos seguía y…. ha seguido creciendo, sobre todo, entre los jóvenes de
ambos sexos.
El último esfuerzo del Gobierno es la Expedición de una Ley
Federal Contra el Consumo de Tabaco, que prohíbe fumar en locales cerrados
(restaurantes, escuelas, oficinas, bancos, aviones, autobuses y taxis). Pero el
problema no se ha logrado detener.
¿Fumar es un placer genial, sensual? ¡NO! Fumar es causa de
cáncer y otras graves y mortales enfermedades. Lástima que más de un tercio de
nuestra población no lo entienda así, sobre todos, nuestros jóvenes.

La canción a la que hace alusión este artículo, en cuanto a melodia y rima es increible!! No obstante pensando en el olor del cigarro y el daño que hace es cualquier cosa menos sexy o sensual. Espero que la canción haya tenido todo el éxito que merecía, en el pasado, porque actualmente, con lo que se sabe del cigarro, creo que no tiene ninguna oportunidad. Impresionante es leer en este artículo las numerosas marcas de cigarros que había y muy simpático el dato de las frases que se formularon en torno a ellas!
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