sábado, 10 de diciembre de 2016

Un aspecto del fracaso educativo de México.
SECUNDARIAS Y PREPARATORIAS. GRANDES FÁBRICAS DE MILUSOS

Todos sabemos que una de las más graves tragedias de la mayoría de nuestra población económicamente activa que no posee al menos,  un título profesional es que generalmente sabe hacer de todo, pero que en realidad, no hace nada muy bien, con calidad de excelencia. Esto se debe fundamentalmente a que en su juventud no recibió la preparación necesaria para ser eficaz y eficiente y su actividad, lo mismo si se habla de un mecánico automotriz, que de un plomero o de un carpintero. Estas personas, como casi todas las que practican un oficio o inclusive alguna actividad de tipo profesional, no reciben en su oportunidad una capacitación adecuada, sino sólo la que medianamente adquieren en el aprendizaje y malas prácticas de su actividad.

En México no nos causa ningún asombro, puesto que todos sabemos que, que uno de los más importantes problemas económicos que padecemos, es el consistente en que la mayoría de la población económicamente activa, carece de los conocimientos suficientes para el desarrollo de su actividad, de las capacidades que lo hagan apto para el desempeño de su empleo. Lo mismo sucede desde un velador o portero de una empresa, hasta los altos ejecutivos de la misma. En efecto, cuando una persona acude a solicitar empleo y afirma que puede “hacer de todo”, ¡Ciudado! Podemos estar frente a un “milusos” es decir, frente a una persona que dice saber realizar varias actividades, porque en verdad, no está capacitado para realizar ninguna.

Generalmente se piensa que las aptitudes para ganarse la vida en un empleo, están ligadas con los conocimientos teóricos que adquiere en la escuela secundaria o preparatoria y esto no es verdad. Tener un poco de conocimientos básicos o complementarios sobre matemáticas, geografía, biología gramática, historia o ciencias sociales, así como rudimentarios conocimientos en idiomas o en computación, no capacita a nadie para realizar en la vida productiva, alguna actividad en la cual se requieran ciertas habilidades. En efecto, hay magníficos carpinteros, jardineros o plomeros o albañiles que son a veces hasta semi analfabetas y sin embargo, en el desempeño de su actividad, son muy buenos trabajadores; esas habilidades no se enseñan en esas escuelas, sino que la persona la prende a lo largo de numerosos años de aprendizaje práctico y gracias a su afán de adquirir esos conocimientos.

Si un egresado de una secundaria o preparatoria por ejemplo, expresa que sabe computación o inglés o francés, bastará hacerle un sencillo examen, para comprobar que no domina a veces, ni los programas básicos de computación o no habla no traduce ninguno de estos idiomas es decir, con los principios generalmente básicos que aprendieron en la escuela, no les permite desempeñarse en las actividades que demandan las empresas.

En consecuencia, los egresados de secundarias o preparatorias que abandonan sus estudios por cualquier causa y deciden incorporarse a una actividad laboral, se encuentran frente a ese grave escollo: ¡No saben hacer nada!  En efecto, no les enseñaron a desarrollar habilidades en áreas de conocimiento vinculadas directamente en la vida práctica, y consecuentemente, ingresan en forma directa a las legiones de jóvenes “ninis”, que ni estudian ni trabajan o bien, se incorporan a las filas de los delincuentes ya sean estos organizados en bandas criminales, o actuando en pequeños grupos y a veces, hasta de manera individual

Cuando esos jóvenes cuentan con buenos hábitos, aprendidos en el seno familiar y desean ganarse la vida honradamente,  se incorporan al comercio en forma directa o como empleados de otros, sin grandes ganancias para resolver su vida de manera independiente y ahí, poco a poco irán acumulando habilidades, hasta llegar -algunos- a ser buenos empresarios, pero tal cosa la consiguen a base de acumular fracasos y éxitos, a lo largo de varios y a veces, numerosos años de esfuerzos, así como adquirir conocimientos técnicos en cursos de capacitación o en forma de autoaprendizaje, hasta llegar a reunir las habilidades que les den o desarrollen en ellos, las aptitudes que requiere su actividad. Si no hacen todo esto, serán condenados a ser propietarios de un pequeño negocio que les de lo necesario apenas para sobrevivir. 

Esa es parte de la gran tragedia de la juventud en México. En las secundarias o preparatorias no se les PREPARA en ninguna forma para salir a hacer frente a la vida económicamente activa, en caso de que ya no puedan o decidan no seguir estudiando. Los idiomas, aunque generalmente son materias curriculares y consecuentemente llevan insertas un examen y una calificación, el nivel de exigencia es muy bajo, los cual origina que, al terminar ese ciclo escolar, el alumno generalmente no hable o no pueda traducir lo escrito en esos idiomas. Cada vez con mayor frecuencia, las escuelas particulares ponen mayor atención en relación con los idiomas, sobre todo porque si ese joven va a continuar con estudios superiores, lo más probable es que requiera de esos conocimientos de idiomas sobre los cuales le van a aplicar un examen previo para ser admitido.

Es cierto, en algunas  muy pocas, escuelas (sobre todo, públicas) de estos niveles se les dan a los alumnos   cursos pertenecientes a oficios o actividades que requieren cierta técnica como computación, electricidad o carpinteria, pero los conocimientos adquiridos  son rudimentarios y a veces, nulos, por falta de buenos instructores o bien, porque son cursos que no forman parte de la currícula, que no llevan inserta un calificación aprobatoria  y consecuentemente, hay poca exigencia en ellos, por considerarlos cursos suplementarios y por ende, ¡poco importantes!

Como algo que parece una novedad, desde hace algunos años se implantaron ciertos cursos llamados generalmente: “Programa Emprendedor”, tanto en las escuelas preparatorias como  inclusive, en las profesionales. La intención de este ”Programa”, es inculcarle a los alumnos la idea de que no necesitan contratarse en una empresa u organismo para poder ser económicamente activos, sino que pueden auto emplearse es decir, ser productivos por ellos mismos, localizando y ejerciendo alguna actividad independiente que les proporcione los medios de sobrevivencia y el éxito económico. 

Desgraciadamente, ese Programa carece en muchos aspectos  de bases y de un sistema ordenado y técnicamente aceptable y además,  es impartido generalmente por instructores jóvenes que carecen de experiencias empresariales o hasta de conocimientos técnicos, producto de su propia juventud, y que simplemente encontraron ellos,  en esta coyuntura, una forma de autoemplearse o emplearse en una institución educativa que encontró aquí, la forma de motivar a sus alumnos. La idea es buena, pero aún le falta mucho desarrollo y l obtención de logros plausibles.
Esa es la gran tragedia de la educación secundaria y preparatoria en México.



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jueves, 24 de noviembre de 2016

Los “chilangos”
¿CIUDADANOS DE “PRIMERA CLASE”?

Rogelio Martínez Vera

Vamos a hablar de una cuestión sociológica. Por largo tiempo se ha discutido si los habitantes de la ciudad de México son o no, ciudadanos de primera clase  y los del resto del país, son de segunda. Lo cierto es, que existe esta discusión, tanto en favor como en contra de esta afirmación.

Para los capitalinos, los habitantes del interior de la República o de la provincia,  como despectivamente se le llama a toda esa enorme extensión del país, son ignorantes, incultos, pobres, económicamente hablando y carentes de las comodidades materiales que es capaz de proporcionar la capital de la República y su zona connurbada a sus afortunados residentes. Fuera de México, “todo es Cuautitlan”, dicen despectivamente los habitantes de la gran ciudad de México. “Payos”,” indios”, “nacos” o simplemente  “provincianos” eran y aún son en algunas ocasiones, los calificativos aplicados a las personas residentes en el interior de la República.

Por el contrario, los habitantes del interior de la República, se expresaban y  expresan despectivamente de los habitantes de la capital. Simplemente les llaman “chilangos”. Este adjetivo calificativo se ha repetido tantas veces, que ya los titulares de él, lo ven como un sello de su propia personalidad y no como una ofensa. Inclusive, se escucha por ahí (dicho por un capitalino, desde luego), que los provincianos les llaman “chilangos”, por no decirles “chingones”. ¡Cuanta presunción y falsedad encierra esta expresión! Ahora comentaré al respecto.

El adjetivo calificativo “chilango”, aplicado en forma peyorativa a los asentados en el Distrito Federal y su zona connurbada, no es muy antiguo. Se empezó a aplicar al principio, de manera muy reducida a finales del siglo XIX y después, a partir de los años sesentas del siglo pasado, ya de manera muy generalizada, debido a diferentes factores. “chilanga la última”; decían las muchachas poblanas, cuando se trataba de correr y concentrarse rápidamente en un sitio determinado. “Haz Patria, mata un chilango”; así se leía en algunas cartulinas que torpemente se distribuyeron en Guadalajara, hace algunas decenas de años.

Este vocablo (“chilango”) proviene de la lengua maya “xillaa”, que quiere decir: pelo revuelto y encrespado. Lo empezaron a usar los jarochos, cuando a fines del siglo XIX y principios del XX, veían que procedentes de la ciudad de México, llegaban al puerto de Veracruz personas encadenadas para ser internadas en el Penal de San Juan de Ulúa, que era una cárcel de castigo del Gobierno de Porfirio Díaz en la cual, casi irremediablemente morían esos infelices. Llegaban sucios, mal olientes, con andrajos de ropa y con los cabellos revueltos y parados. A estos pobres sujetos que conducían a pie, encadenados desde la estación del ferrocarril hasta el penal, les llamaban “chilangos”. Años más tarde, el calificativo se extendió a todo sujeto proveniente del D.F., para referirse a él.

En Mérida, Yucatán, les decían “guachos”, por referencia a la soldadesca que llegó a Mérida en la época de la Revolución, procedente de la capital de la República. Este calificativo sin embargo, ha desaparecido para ser sustituido por el vocablo “chilango”, que es nacionalmente muy representativo.
¿Por qué los habitantes del interior de la Republica empezaron a distinguir con el mote de “chilangos” a los residentes del Distrito Federal? A continuación anoto las siguientes razones.

Hacia 1930, la ciudad de México tenía aproximadamente un millón de habitantes. Para 1960, esta ciudad y su zona metropolitana, ya contaba con una población aproximada a los OCHO MILLONES es decir, creció esta área geográfica a razón de doscientas cincuenta mil personas por año. ¿Cuáles fueron las razones de ello? La inmigración. A partir de ese momento, se hizo una dramática división de estilos de vida, de costumbres y hasta de ideas, entre los “chilangos” y los “provincianos”.

En el interior de la Republica efectivamente, después de la etapa revolucionaria, había muchas carencias de empleo, de estudio y de estabilidad económica. Los caciques regionales y la inseguridad, asolaban sobre todo, a las familias más pobres, la cuáles se empezaron a concentrar en la ciudad de México, en busca de oportunidades y de una mejor calidad de vida que muchas veces, empeoró, pero ya no regresaron a sus pueblos y ciudades. Prefirieron hacer esfuerzos y pasar carencias, antes de regresar a su tierra y soportar la burla de sus coterráneos (ver la película “El Milusos”, con Héctor Suarez).
Cuando esos “nuevos” capitalinos iban a su pueblo o ciudad natal a visitar a sus familiares o amistades, presumían de “su nueva tierra”. Hacían gala de logros que, en la mayoría de los casos eran inexistentes.

Los nuevos capitalinos-provincianos, llegaban a sus pueblos y ciudades de origen, y mencionaban con estridencia, los inexistentes o relativos éxitos de su vida “civilizada” y “boyante” en la ciudad de México;  hacían gala de que conocían el Palacio Nacional, el Palacio de las Bellas Artes o Chapultepec y que se codeaban con todos los grandes políticos, artistas y deportistas famosos. Pocas cosas de estas eran ciertas porque la verdad, es que muchos de ellos jamás entraron a visitar el Palacio Nacional, ni habían acudido a presenciar algún evento en Bellas Artes, y en cuanto a Chapultepec, sólo habían acudido a ensuciar este hermoso parque, pero no conocían el Museo de Historia ubicado en el Castillo o el Museo de Antropología ni mucho menos el conjunto de sus hermosas piezas que ahí se exhiben. También era falso que fueran conocidos de políticos o artistas famosos.
  
A esos provincianos renegados les fue aplicado inicialmente el adjetivo calificativo de “chilangos” como forma de burla hacía, aquellos que siendo igual que sus coterráneos se consideraban, después de un tiempo de residencia en la ciudad de México, como entes superiores.  Este mote se extendió tiempo después, a todos los demás habitantes de la ciudad capital sin distinción de origen, porque en alguna forma mostraban cierto dejo de suficiencia en su trato hacía a una persona del interior del país sobre todo, si ésta era de condición humilde.

Esta migración de diversos lugares de la República hacía la ciudad de México, ya se detuvo y ahora es al revés: muchos defeños han marchado a alguna  ciudad o población de nuestra nación y lo han tomado como su lugar de residencia, viviendo una etapa que sin duda, ha sido la mejor de su vida. Eso empezó a suceder, después del sismo de 1985. Eso es un indicio innegable de que a la fecha, la ciudad de México no es el mejor lugar para vivir. La prueba es que, desde hace treinta años aproximadamente, por causa de la migración, numerosas ciudades del país han incrementado espectacularmente el número de sus habitantes, en tanto que el Distrito Federal y su zona metropolitana, han mantenido un crecimiento modesto. 

Ahora, a inicios del siglo XXI, la brecha entre la ciudad de México y las principales capitales del interior del país, se ha cerrado espectacularmente. Ya no hay grandes diferencias entre la ciudad de México y Guadalajara, Monterrey y Puebla, puesto que esas ciudades han incrementado sus áreas de oportunidad, debido a grandes mejoras urbanas y por el desarrollo de sus zonas industriales, comerciales y de servicios, así como han mejorado notablemente su actividad cultural.  Estas ciudades tienen inclusive, algunas ventajas políticas sobre el Distrito Federal. Por ejemplo: ¡No las gobierna (con perfiles de una permanente dictadura), ni el PRD ni Morena!, partidos dizque de izquierda pero igual de inmorales. Ya hartos de esta voracidad de los políticos, en el interior de la República concretamente, en el estado de Nuevo León existe un  candidato independiente que fue constitucionalmente electo por una aplastante mayoría de ciudadanos. ¿Cuándo habrá algo así en el Distrito Federal?

La ciudad de México cuenta con algunas ventajas, producto del centralismo. Es el asiento político o administrativo de instituciones públicas federales. La ciudad de México es la más subsidiada de todo el país, y de ahí sus grandes recursos presupuestales. Por virtud de que el Gobierno Federal tiene ahí el asiento de sus Poderes, realiza fuertes y costosas inversiones en materia de infraestructura pero ese, no es un mérito de las autoridades de la ciudad de México..

Queda aún mucho de la Ciudad de los Palacios que describió Humboldt, o de la Región más Transparente del Aire, como la llamó la Marquesa Calderón de la Barca. Es el lugar de residencia de la Virgen de Guadalupe o el asiento del ilustre Colegio de San Ildefonso, de los grandes murales de Rivera, Orozco o Siqueiros o de la Diana Cazadora. Los monumentos precortesianos y coloniales son numerosos. Fue el lugar en donde se fundó el antiguo México-Tenoxtitlan que deslumbró al propio Hernán Cortés.  “Mientras el mundo exista, permanecerá la gloria de México-Tenoxtitlan”, dice una hermosa frase, tomada de un Códice precortesiano y que está labrada al pie de una muy bella fuente con la escultura importantes personajes aztecas, en una explanada que se ubica frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia.

Las ciudades y aún los pueblos de nuestra extensa República, cuentan también con numerosas obras arquitectónicas, tanto precortesianas, como coloniales y desde luego modernas. Sus áreas industriales y comerciales así como su actividad cultural son muy importantes; sus universidades están al nivel de la mejores del país y en general su clima, sus bellezas naturales y una buena calidad de  vida, han motivado que numerosos capitalinos salgan gustosos de esa complicada urbe de la ciudad de México.
En conclusión: ¿Qué lugar del país es mejor para hacer tu vida: La ciudad de México o alguna ciudad o pueblo del interior de la República?  Esos espacios geográficos ofrecen grandes áreas de oportunidad a todos. Tú tienes la palabra, y…..no des mucha relevancia si te llaman “chilango” o “provinciano”. En ambos casos, hablará la voz de la envidia.


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lunes, 14 de noviembre de 2016

Estamos en camino de la ruina moral

SERVIDORES PÚBLICOS MALOS Y OTROS……… ¡PEORES!

Rogelio Martínez Vera

La situación ruinosa por la que atraviesa nuestro sufrido país, es inédita: Inseguridad, violencia, delincuencia, narcotráfico, libertinaje en los casinos y casas de juego, perversión de las costumbres, alteraciones permanentes del orden público, graves deficiencias educativas, tanto en escuelas públicas como privadas, piratería de productos y elementos tecnológicos, contaminación ambiental, pérdida de solidaridad ciudadana, violaciones de mujeres y abortos por doquier, pobreza extrema de cada día más compatriotas, ruina de PEMEX y CFE, quiebra del Seguro Social y del ISSTE y …..¡Ufff! otros muchos males que nos aquejan. Se nos vino la noche, sin apenas darnos cuenta.

Todo, o una gran parte de estos males se prohijaron por la profunda corrupción gubernamental que estaba latente en nuestro país, y que ahora, ha asomado todo su rostro o al menos, eso creemos. No puede ser que nos ocurran mayores desgracias.

En el año 2012, en vísperas de tomar posesión el actual Presidente de la República, se atrevió a decir, no sabemos si por candidez o por otra causa inexplicable que Javier Duarte en Veracruz, Borge Martín en Quintana Roo y César Duarte en Chihuahua, pertenecían a LA NUEVA SANGRE DE POLITICOS JÓVENES, que contribuirían a darle un nuevo rostro al país. Bueno, pues resultó que no era ..así. Que esta tercia de prohombres jóvenes, no fueron los que dijo el Presidente sino que, son algo que resultaron totalmente contrario a lo predicho.

Esta situación correspondió a cartas de buena conducta extendidas por una persona a otras, que van a prestar sus servicios personales, en este caso, a la sociedad en altos puestos públicos. Los miembros de esa ciudadanía, que fueron robados y saqueados por este trío de depredadores le reclaman a su recomendador las conductas de sus recomendados y éste se encoge de hombros y dice que no recuerda haber hecho tales recomendaciones, cuando existen pruebas evidentes de todo lo dicho, fue cierto. No. Ese no es el camino de la corrección del error, sino el exactamente contrario. El Presidente debió ordenar, exigir a sus autoridades, la reunión de pruebas y evidencias de los delitos cometidos por quiénes sustrajeron los bienes de otros inclusive, los de la propia Federación y que estas a su vez, solicitaran las órdenes de aprehensión que correspondieran a los hechos comprobados o presumidos como ciertos, y que los jueces, los sometieran a un justo proceso legal para que, si resultaren culpables, se dicten en su contra las sentencias correspondientes.

Por lo pronto, debe decretarse el aseguramiento de todos los bienes adquiridos por estas personas, para garantizar que terminados los juicios, y sentenciados los criminales,  los bienes serán entregados a las representaciones de las entidades federativas afectadas, para reparar el daño. Y estos tres casos, no son los últimos: también están igual o al menos, en una situación parecida, recientes gobernantes de Nuevo Léon y Coahuila claro, además del de Sonora.

Esto, y una disculpa sentida al pueblo ofendido y a la sociedad en su conjunto, sería una buena acción presidencial, verdad?

Es poco explicable, mejor aún: nada entendible que las estructuras federales no cuenten con los instrumentos de medición y verificación, para comprobar que al menos, los recursos federales que les fueron aportados como participaciones y subsidios, no fueron oportunamente gastados y gastados bien, en beneficio de la ciudadanía. Eso, nadie lo cree. Existen mecanismos de control en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que no se pusieron en práctica en estos casos, no sabemos por órdenes de quién.

¡¡¡¡¡Cárdenas, Ruiz Cortines y López Mateos!!!!
¿Dónde están?



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domingo, 13 de noviembre de 2016

Es hora de despertar del sueño yanqui

A REAVIVAR EL NACIONALISMO MEXICANO

Rogelio Martínez Vera

En 1960 el sociólogo Charles Wrigth Mills de nacionalidad estadounidense escribió un valioso libro para América Latina titulado “Escucha, Yanqui” que habla de los grandes capitales creados o fomentados, por la sociedad estadounidense-con el apoyo de su gobierno-, desde luego. Fingiendo ser amigos, algunos estadounidenses acumularon grandes fortunas explotando a todos, a todos sin excepción, los países latinoamericanos, desde México hasta Argentina.

Se apropiaron para su provecho, una gran parte de los recursos naturales pertenecientes a esas naciones, desde la minería y el petróleo, hasta el cultivo de la tierra, pasando desde luego con la creación de grandes trusts empresariales que encontraron poca o ninguna resistencia. Anunciaban que ellos lo hacían para “ayudar”. Los gobernantes, que fueron cómplices o ingenuos, colaboraron eficazmente para ese fin. Algunas de estas empresas, ya satisfecha su ambición, abandonaron a su suerte a esos países, dejándolos más empobrecidos que antes. Las “United Fruit” fue un ejemplo patente de ello. 

El escritor Francisco Martín Moreno escribió dos estupendos libros llamados “México Negro”  que llegó hasta el momento en que el Presidente Cárdenas, -este sí, un verdadero estadista-, expropió en 1938  las empresas petroleras todas ellas, en manos de extranjeros, fundamentalmente yanquis.  Nos relata Francisco Martín Moreno en su libro titulado “Las Cicatrices del Viento” como los capitalistas estadounidenses, dejaron en los “puros huesos” a diferentes países de Latinoamérica, incluido México.

Cesó en una gran parte, su insaciable voluntad de enriquecerse cuando hubo furibundas protestas en su contra. Por numerosas ciudades y pueblos de Latinoamérica empezaron a aparecer de la noche a la mañana, “pintas” en las paredes visibles de las poblaciones, la siguiente y lapidaria frase: “Yanquis, go home”. Esta inmisericorde explotación, originó revoluciones como la Castrista en Cuba, la Salvadoreña, la Nicaragüense o la Guatemalteca,  para encarcelar o correr a los gobernantes vende patrias.

México, el caso de México es especial frente a los Estados Unidos de América; comenzó de lleno, después de la desaventurada acción de Antonio López de Santa Anna en 1836, para recuperar Tejas, que pertenecía al actual estado de Coahuila, que nos fue arrebatada impunemente. En esa Guerra de Intervención, terminamos perdiendo la mitad del territorio nacional (California, Nuevo México, Arizona y Colorado, además de Tejas) debido al abusivo Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, cuando el gobierno yanqui nos amenazó con no retirar a su ejército, si antes no suscribía nuestro país, ese tratado.

Todavía no se restañaban esas heridas, cuando nuevamente Latinoamérica sufrió el embate estadounidense. James Monroe dio a conocer en 1867 al mundo que “América era sólo para los americanos” claro, ellos eran los únicos americanos comprendidos en dicha frase. Todos los demás éramos mexicanos, o guatemaltecos, brasileños o argentinos. Ese gentilicio se lo aplicaron a cada uno de los países de Latinoamérica a quiénes de ninguna manera  consideraban como americanos, este era y es un sinónimo “exclusivo” de los estadounidenses, según ellos.

En 1913 el embajador Henry Lane Wilson de infausto recuerdo, se confabuló, con el apoyo de su gobierno y del usurpador Victoriano Huerta, para derrocar y finalmente asesinar al Presidente Madero y al Vicepresidente Pino Suárez.
En 1945 John Foster Dulles, tratando de sanar viejas heridas con México, expidió y puso en práctica, la política del “Buen  Vecino”. Claro se guardó para sí el verdadero significado y alcances de esta política, puesto que, a partir de entonces, ellos son los vecinos y nosotros somos los buenos.

Este es el preciso momento de decirle al señor Brut, digo Trump, que si hay once millones de pobladores mexicanos, residentes principalmente en los estados que nos fueron robados, ellos nos están haciendo justicia a todos las nacionales de México, recuperando por medio de una invasión pacífica, los territorios que fueron nuestros. 

Que si algunos de ellos, según este individuo electo como Presidente de aquél país (allá ellos), son violadores, narcotraficantes y delincuentes, igualmente hay de los mismos entre los propios estadounidenses. ¿También los pretende expulsar del país de su nacionalidad? Que se los envíe a Putin el máximo gobernante de Rusia, que es amigo de Brut digo: de Trump.

Reavivemos nuestro nacionalismo, olvidado desde la época de Cárdenas. Somos un país soberano, independiente y LIBRE. 

Evo Morales, el Presidente de Bolivia, acaba de expedir un decreto para expulsar del país a los Mcdonald´s y a la Cocacola, argumentando para ello, dos poderosas razones: Afectan gravemente la salud de los Bolivianos y la economía de toda la nación. ¡Bravo Presidente! No le tembló el puño para firmar dicho decreto.

En México en cambio, no va a suceder eso, el propio Trump, digo Brut o como se llame, para el caso es lo mismo, ha prometido concentrar en EUA, a todas las empresas de capital estadounidense radicadas en este país, para que se concentren en el suyo y restituyan los empleos a los ciudadanos “americanos”, que nosotros, los mexicanos, les hemos quitado.

Si quiere, empezamos a hacerle la lista: Ford, Chevrolet, Crysler, Walmart y todas las hamburgueserías que venden en medio de dos panes, un cartón comprimido, y que dicen que son hamburguesas. Le ponemos en la lista: Los Homme Deppots, que son propiedad del propio Brut, los Office Deppots y otras numerosas empresas como Sears Robo de México ¿Así se llama? Y otras muchas más. Es realmente larga la lista, pero con gusto se la preparamos para su información.

Si de autos se trata, les sugiero a mis compatriotas que mejor compren vehículos alemanes, británicos, suecos, franceses, italianos, japoneses y koreanos. Son mejores que los hechos con capital americano. Que saquen las manos de nuestro petróleo, embotelladoras, tabacaleras, cementeras, fábricas de fierro y acero y otras muchas más.
Si no lo hace el próximo Presidente Brut, y si tenemos un próximo gobierno honesto y nacionalista como el de Cárdenas, nosotros lo haremos. Yo estoy puesto, como el más modesto mexicano de esta nación a la que tanto amo.

Saquemos con casta y claro, sin gobernantes mexicanos corruptos este compromiso nacionalista que empezamos a enfrentar. Yo sé que es mucho pedir, pero…..

A propósito: ¿Saben cómo se les dicen a quiénes hablan varios idiomas?- ----Políglotas.
¿A Quiénes hablan dos idiomas?- Bilingües.

¿A quién habla uno sólo? Pues, se le llama:  Gringo.

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Remembranzas

MI VIEJO BARRIO UNIVERSITARIO

Por Rogelio Martínez Vera


Recuerdos imborrables y nostálgicos;  de ese tipo son las reacciones que se provocan, cuando acuden a mi mente las mil vivencias que experimenté, cuando fui parte activa del viejo barrio universitario de la ciudad de México.  Ese querido barrio se empezó a gestar a mediados del siglo XIX y tomó forma de manera definitiva, al comienzo del siglo XX. Así permaneció aproximadamente hasta los años cincuenta del siglo pasado, cuando se empezó a desdibujar por el éxodo de varias escuelas y facultades de esa extensa zona universitaria ubicada en el corazón de esa gran capital de la República, con rumbo a su nueva casa: La Ciudad Universitaria, ubicada en San Ángel. 

El barrio abarcaba probablemente unas treinta manzanas, que iban, desde la calle de la Academia y la calle de la Moneda, en donde se ubicaba la Escuela Nacional de Artes Plásticas, hasta  la calle de Tacuba, casi esquina con San Juan de Letrán, en donde estaba asentada la Facultad de Ingeniería en el antiguo Palacio de Minería, un hermoso edificio construido por Manuel Tolsá, el inconmensurable arquitecto y escultor español; y desde La Facultad de Medicina ubicada en la Plaza de Santo Domingo, frente al templo de este mismo nombre, hasta la Calle de San Ildefonso y el Carmen, en donde estaba ubicado el extraordinario edificio colonial de la Escuela Nacional Preparatoria, para cerrarse finalmente en la Calle de Academia y Moneda. En este irregular cuadrángulo fluyó por muchos años la vida universitaria. En el interior de él, se ubicaban: la Facultad de Economía, en la calle de República de Cuba, casi frente al nacimiento de las calles de la Palma las cuáles, corrían desde ese punto en el norte, hasta su confluencia con la calle de Venustiano Carranza en el sur.  Un poco más al oriente, se encontraban: La Facultad de Derecho, en la esquina que aún forman las calles de San Ildefonso y la calle de la República de Argentina, casi frente a la Escuela Nacional Preparatoria.

Dentro de ese mismo Barrio Universitario estaban instaladas: La Facultad de Odontología, en el edificio ubicado en la esquina de las Calles de República de Guatemala y Lic. Verdad y junto a ella, la querida institución llamada Iniciación universitaria, la única escuela con estudios equivalentes a secundaria, perteneciente a la propia Universidad Nacional Autónoma de México.

Fuera del barrio Universitario, estaban instaladas: la Facultad de Filosofía y Letras, con magníficas instalaciones ubicadas en el colonial edificio llamado de “Mascarones” que aún se encuentra en pie, en la Avenida Rivera de San Cosme, cerca del mercado público de este mismo nombre; La Facultad de Medicina Veterinaria funcionaba en un local dotado de partes construidas y amplios patios y corrales para animales que eran estudiados y atendidos por los estudiantes de esta rama del saber humano, y que se encontraba en la Calzada México-Tacuba, muy cerca del local que abrigó al antiguo Colegio Militar. Una Facultad de relativa reciente creación, la de Contaduría Pública, se instaló desde el principio, en la Colonia Juárez, en la calle de Liverpool, casi esquina con Nápoles.

En la calle de Justo Sierra, en la parte de atrás de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, estaban ubicadas las oficinas superiores de la Universidad. Ahí se encontraba desde luego, la oficina del Rector y los diversos departamentos escolares. Perteneciente al mismo edificio, estaba ubicado el famoso Anfiteatro Bolivar, que fue escenario de numerosos actos oficiales, que sirvió para funciones de teatro y fue escenario de explosivas reuniones estudiantiles. 

En la calle de Licenciado Verdad, enfrente de la Escuela de Iniciación Universitaria, estaban ubicadas los consultorios y oficinas de la Dirección General de los Servicios Médicos de la Universidad y en la esquina de las calles de Justo Sierra y el Carmen, operaba el temible centro  universitario de vacunación contra las enfermedades contagiosas. Ahí ocurríamos todos los estudiantes a que nos aplicaran anualmente una dosis dolorosa de una vacuna llamada tuberculina, y otras, contra la viruela, el tétanos y la tos ferina, que eran enfermedades endémicas de los años cincuenta del siglo pasado.

En este barrio deambulábamos diariamente más de treinta mil universitarios. Sus calles se llenaban de alumnos y maestros que apresuradamente algunas veces, y otras en forma parsimoniosa, como si anduviéramos de paseo, nos confundíamos con los transeúntes. Por esas calles desfilaron en interminables días, Salvador Zubirán, Miguel J. Zevada, Pedro Ramírez Vázquez,  Antonio y Alfonso Caso, Jesús Reyes Heroles, Agustín Yañez, Antonio Castro Leal, Manuel Gómez Morín, María Lavalle Urbina,  Miguel Alemán Valdéz, Antonio Díaz Soto y Gama, Gabino Fraga, Jorge Carpizo, Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo o Antonio Carrillo Flores.

No pueden ser olvidados los maestros Jesús Silva Herzog, fundador de la Facultad de Economía, los eminentes médicos Gustavo Baz, Gilberto Bolaños Cacho o Rafael Baledón Gil, así como los juristas Miguel Macedo, Rafael Rojina Villegas , Ignacio Burgoa.  También los literatos Erasmo Castellanos Quinto, Julio Torri, Andrés Henestrosa, Baltasar Dromundo o Julio Jiménez Rueda, eran asiduos concurrentes a sus clases, ya algunos, primero como alumnos y después,  en su calidad de maestros.

Esos extraordinarios personajes y muchos más, egresaron de las aulas o predicaron sus sabias enseñanzas en los venerables edificios escolares de mi viejo Barrio Universitario.

En el seno de ese añorado barrio, se gestó y culminó la autonomía universitaria, con Alejandro Gómez Arias, Adolfo López Mateos y Francisco Liguori. Ahí, José Vasconcelos dio a conocer al mundo la inmortal frase universitaria: “Por mi raza, hablará el espíritu”.

En el mismo barrio se encontraban tres magníficas bibliotecas públicas, siempre pletóricas de estudiantes que acudían a consultar numerosos libros para estudiar: La Biblioteca Nacional, ubicada en la esquina de Isabel la Católica y Uruguay; la Biblioteca del Congreso de la Unión, instalada en una antigua nave de iglesia, ubicada en la esquina de Tacuba  y Allende y desde luego, la bien surtida biblioteca de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que se encontraba en la antigua Capilla de la Emperatriz, que se localiza en la parte de atrás del patio principal del Palacio Nacional el cual era entonces,  de libre acceso a todo público.

Existían dentro de la zona marcada para el Barrio Universitario,  otras dos escuelas que no  pertenecían a la Universidad: Una escuela prevocacional, ubicada en la Calle de Guatemala, casi esquina con  el Carmen y otra escuela para secretarias, llamada Miguel Lerdo de Tejada, que estaba precisamente en la esquina de Guatemala y el Carmen.  Los universitarios éramos hostiles con los adolescentes de la prevocacional, porque precisamente pertenecían a la institución que albergaba a nuestros más odiados enemigos deportivos y estudiantiles: El Institutto Politécnico Nacional. Con la escuela para secretarias al contrario, la protegíamos y cuidábamos porque de ahí provenían muchas de nuestras amigas y novias que no acompañaban a las matinées de los cines cercanos.

Gratos recuerdos nos traen a todos los universitarios, la miscelánea  “El Pánuco” frente a la prepa, en donde a media mañana o a media tarde, calmábamos nuestro voraz apetito con una exquisita dona y una coca cola; la refresquería “Acapulco”,  frente a la Facultad de Derecho en San Ildefonso; los llamados “Billares de la prepa”,  ubicados en la calle de Argentina, casi esquina con Justo Sierra; El café de chinos “América”,  en la esquina de San Ildefonso y Argentina, en donde el dueño, un chino joven, delgado y muy paciente, nos vendía, a veces al fiado, un par de huevos revueltos con frijoles, un café con leche y dos piezas de pan,  por la fabulosa suma de UN PESO CON CINCUENTA CENTAVOS.

En el Comedor Universitario, ubicado en las calles de la Academia, los estudiantes universitarios más pobres, tomábamos los tres alimentos, comprando un abono de ¡TREINTA PESOS!, que  nos duraba todo el mes.

¡Qué tiempos aquellos!, en los que soñábamos con nuestro futuro, que  anidábamos amores juveniles y que confiados en el provenir, veíamos cómo los meses y los años transcurrían alegremente, hasta llegar el momento en que casi sin sentirlo, nos volvimos hombres y mujeres de provecho.

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Se crea verdadero engendro

SOCIEDAD POR ACCIONES SIMPLIFICADA


Rogelio Martínez Vera

En fecha relativamente reciente, en marzo del presente año (2016), se publicaron reformas a la Ley General de Sociedades Mercantiles. Una de ellas se refirió precisamente a la creación de una nueva sociedad mercantil: La Sociedad por Acciones Simplificada, cuya creación fue inclusive, anunciada con una gran relevancia por el propio Presidente Peña Nieto.

En efecto, en el momento en que el Presidente de la República promulgó las reformas a la LGSM, pronunció un discurso para ponderar las bondades de esta nueva sociedad de capital. Expresó el Presidente que esta nueva sociedad (un verdadero engendro legal), venía a reconocer la necesidad que tienen muchos empresarios emprendedores, de constituirse como sociedad, pero que las que existían, no satisfacían sus necesidades. 

En cambio, esta nueva forma de organización jurídica empresarial, vendrá a cubrir ese deseo experimentado por no pocos micro y pequeños empresarios quiénes, tendrán ahora la oportunidad de constituirse como sociedad con el cumplimiento de “trámites ágiles, rápidos y sin necesidad de acudir a un fedatario público para que éste, después del cumplimiento de numerosos requisitos legales, elabore la escritura constitutiva, con costos económicos, considerables para ellos”.

La novedad que presenta esta nueva forma de organización social consiste en que bastará que el empresario individual (se admite legalmente que esta sociedad quede integrada por un solo socio) o los empresarios que decidan constituírla, llenen los requisitos legales, para que la Secretaria de Economía (SE) apruebe su funcionamiento y operación y esto les dará a los emprendedores la posibilidad ingresar de lleno al mundo de los negocios.

Con ello, manifestó el Presidente, “el empresario abandonará el ambiente de la informalidad, para ingresar al terreno de la formalidad en donde encontrará mayores oportunidades de negocios”.

Muchas, casi todas las afirmaciones que ahí se hicieron, constituyen verdaderas falacias jurídicas, porque no es cierto que en el mundo de los negocios el empresario individual (una sola persona física) se vea por ese hecho, privado de ninguna oportunidad. En efecto, en ese ambiente, lo que cuenta son el aprovechamiento de las oportunidades, mediante el despliegue de habilidades y poco importa si el que negocia es una sociedad o un empresario en lo individual.

No deja de ser cierto que muchas empresas y organizaciones sociales, por el férreo cerco fiscal que actualmente existe, no desean operar con empresarios informales, porque éstos no pueden expedir documentos con requisitos fiscales susceptibles de ser aceptados e incorporados a la contabilidad fiscal de las empresas pero eso, aparentemente nada tiene que ver con la creación de estas sociedades.

No es cierto que esta sociedad se constituya mediante un contrato social, en la exacta significación del término, ni que los accionistas elaboren las cláusulas del contrato. Aquí, esos conceptos básicos de toda organización mercantil colectiva, son alterados en su concepción básica, puesto que en este caso es  la Secretaría de Economía (una dependencia federal), la que elaborará un lista de posibles cláusulas y el o los aspirantes a accionistas, simplemente incorporarán las que mejor les parezcan, al citado engendro mal llamado contrato social, para que las mismas, una vez que sea firmado por los “contratantes”, autorizado por la SE e inscrito en el Registro Público del Comercio, se transforme en los Estatutos de la sociedad.

Se debe observar aquí, cómo el legislador olvidó que un contrato se integra con la libre manifestación de voluntad de los contratantes, voluntad que no tiene más límites que las prohibiciones legales; aquí, al contrario, el supuesto contrato se transforma en una serie de mandatos ordenados por una autoridad administrativa que actúa oficiosamente y de  (seguro, a su interés y conveniencia), para imponer su voluntad a las supuestos contratantes quienes, no tienen más libertad, que la de escoger de entre un catálogo, el contenido de las cláusulas que se inserten en el contrato(¿), libertad que seguramente va a ser muy conducida al lugar a dónde pretendan llegar dichas autoridades, para ejercer un estricto control, tanto administrativo como laboral y sobre todo fiscal, de la operación y actividades de esas sociedades.

Yo pregunto: ¿y…. la autonomía de la voluntad que debe existir en cada contrato que celebren las partes? (artículo 1,832 del Código Civil Federal que es la única ley que contiene los Principios rectores de todo tipo de contratos).  Aquí simplemente es inexistente, porque la verdad es que, no hay un contrato, sino un documento firmado conforme a las exigencias de la autoridad federal, y por más que el legislador se esfuerce por llamarle contrato a este documento de constitución, el mismo carece de las características necesarias que debe revestir un documento de esta naturaleza. 

En efecto, el artículo 1,792 del Código Civil Federal es el que en forma exclusiva define y da contenido a este tipo de actos jurídicos, expresa: “Convenio es el acuerdo de dos o más personas, para crear, transferir, modificar o extinguir obligaciones”. Por su parte, el artículo 1,793 del mismo texto legal señala: “Los convenios que crean o transfieren las obligaciones y derechos, toman el nombre de contratos”. La creación de las sociedades mercantiles unipersonales es decir, las integradas por una sola persona física, viene inconstitucionalmente a contradecir y pretender nulificar los conceptos legales antes transcritos, porque aquí, falta al menos una persona más, para que exista dicho acuerdo de voluntades.

Vamos a hacer una exacta crítica de este tipo de sociedades, mediante la exposición de un ejemplo que se ajusta exactamente al catálogo de disposiciones “jurídicas” que acumuló el legislador en el contenido normativo de la sociedad por acciones simplificada. Este es el ejemplo:

Un padre le dice a su hijo, el día que el joven cumplió la mayoría de edad:

“Ahora sí. En adelante, tú tomarás tus propias decisiones con el fin de que te incorpores plenamente al mundo de los adultos. Para que ejerzas la primera de ellas como muestra de una voluntad autónoma y personal, en este momento de entrego mil quinientos pesos, para que te compres un par de zapatos, -los que tu elijas-, pero tienen que ser precisamente zapatos y no otra cosa. Además, irás a la Zapatería “La Luna”, que está ubicada en la esquina de las calles de Pino Suárez y Mesones, en el centro de la ciudad, y ahí te comprarás, un par de zapatos negros, lisos, de charol, que se exhiben en el aparador del lado derecho de la tienda". 

"Fíjate bien en que sean exactamente esos. Te dejo en libertad de que escojas la medida del calzado que te quede bien, pero tienes cuidado en que sea el número adecuado, para que después, no te lastimen. Podrás usar esos zapatos, cada vez que te pongas un traje formal, y no en ninguna otra ocasión. Ahora sí, voy a ver y a comprobar, la forma en que ejerces la libertad (¿) que has adquirido desde ahora, al cumplir tu mayoría de edad. Estaré vigilando el cumplimiento de mis órdenes al pie de la letra”.

El contenido de este caso hipotético y el régimen legal de una sociedad por acciones simplificada, son mera coincidencia. ¿No les parece, queridos lectores?

Éste en síntesis, parece un anzuelo que el fisco lanza a los informales, para que mediante nuevas formas de organización social, se decidan abandonar la citada informalidad. Me parece que el objetivo no se va a lograr plenamente. El informal se seguirá moviendo en su mundo porque así, evita ser un contribuyente cautivo y de esta manera, aumentar sus utilidades fiscales, al no pagar contribuciones. El empresario informal, está, como se dice en el lenguaje popular, muy toreado, y no es fácil convencerlo para que pague impuestos.

Para conseguir esa finalidad que tanto le interesa a la autoridad, las contribuciones deben poseer certidumbre y no moverse en el espacio de la inseguridad, como ahora sucede.

El pago de las   contribuciones debe realizarse en forma muy cómoda y fácil para el contribuyente y no ocasionarle tantas molestias, como acontece actualmente, por virtud  de que todas las disposiciones y procedimientos fiscales parecen estar encaminados hacía la complejidad, produciéndose con ello, un efecto negativo. Ahora, para pagar una contribución habitual, debe el contribuyente contratar los servicios de un experto y pagarle sus honorarios por el servicio prestado, puesto que, para él, resulta imposible inscribirse en los registros fiscales, determinar, liquidar y pagar sus contribuciones, dadas las complicaciones tecnológicas que se le ponen al frente.  

Finalmente: los montos a pagar no deben ser demasiado elevados y no le deben causar por consecuencia, demasiados sacrificios económicos al contribuyente.

Todo esto y no la forma de organización empresarial, serían componentes que podrían hacer abandonar a numerosos comerciantes e industriales, el mundo de la informalidad.  

La aparición de sociedades integradas por un solo socio, está rompiendo con un modelo que llevaba muchos años y en torno al cual, se habían formulado numerosas teorías sobre las personas colectivas. Ahora, al abordar este tema, los doctrinarios  tendrán que hacer excepciones a las reglas.

Finalmente, no es cierto que la constitución de una sociedad por acciones simplificada, sea precisamente sencilla. Basta con leer los preceptos reguladores para darse cuenta de que no es así. Inclusive, el legislador se refiere a los servicios de los fedatarios públicos seguramente, para que ellos puedan apoyar a los empresarios en la constitución de una sociedad de este tipo, aunque en este caso, será únicamente con funciones de asesoría, porque todo, hasta el momento de constitución legal, -lo señalan las disposiciones legales aplicables-, es la Secretaría de Economía y no el fedatario, quien interviene en su constitución. En síntesis: No le veo un gran futuro a esta forma de organización social, por los defectos, objetivos y limitaciones que la misma presenta.

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