jueves, 24 de noviembre de 2016

Los “chilangos”
¿CIUDADANOS DE “PRIMERA CLASE”?

Rogelio Martínez Vera

Vamos a hablar de una cuestión sociológica. Por largo tiempo se ha discutido si los habitantes de la ciudad de México son o no, ciudadanos de primera clase  y los del resto del país, son de segunda. Lo cierto es, que existe esta discusión, tanto en favor como en contra de esta afirmación.

Para los capitalinos, los habitantes del interior de la República o de la provincia,  como despectivamente se le llama a toda esa enorme extensión del país, son ignorantes, incultos, pobres, económicamente hablando y carentes de las comodidades materiales que es capaz de proporcionar la capital de la República y su zona connurbada a sus afortunados residentes. Fuera de México, “todo es Cuautitlan”, dicen despectivamente los habitantes de la gran ciudad de México. “Payos”,” indios”, “nacos” o simplemente  “provincianos” eran y aún son en algunas ocasiones, los calificativos aplicados a las personas residentes en el interior de la República.

Por el contrario, los habitantes del interior de la República, se expresaban y  expresan despectivamente de los habitantes de la capital. Simplemente les llaman “chilangos”. Este adjetivo calificativo se ha repetido tantas veces, que ya los titulares de él, lo ven como un sello de su propia personalidad y no como una ofensa. Inclusive, se escucha por ahí (dicho por un capitalino, desde luego), que los provincianos les llaman “chilangos”, por no decirles “chingones”. ¡Cuanta presunción y falsedad encierra esta expresión! Ahora comentaré al respecto.

El adjetivo calificativo “chilango”, aplicado en forma peyorativa a los asentados en el Distrito Federal y su zona connurbada, no es muy antiguo. Se empezó a aplicar al principio, de manera muy reducida a finales del siglo XIX y después, a partir de los años sesentas del siglo pasado, ya de manera muy generalizada, debido a diferentes factores. “chilanga la última”; decían las muchachas poblanas, cuando se trataba de correr y concentrarse rápidamente en un sitio determinado. “Haz Patria, mata un chilango”; así se leía en algunas cartulinas que torpemente se distribuyeron en Guadalajara, hace algunas decenas de años.

Este vocablo (“chilango”) proviene de la lengua maya “xillaa”, que quiere decir: pelo revuelto y encrespado. Lo empezaron a usar los jarochos, cuando a fines del siglo XIX y principios del XX, veían que procedentes de la ciudad de México, llegaban al puerto de Veracruz personas encadenadas para ser internadas en el Penal de San Juan de Ulúa, que era una cárcel de castigo del Gobierno de Porfirio Díaz en la cual, casi irremediablemente morían esos infelices. Llegaban sucios, mal olientes, con andrajos de ropa y con los cabellos revueltos y parados. A estos pobres sujetos que conducían a pie, encadenados desde la estación del ferrocarril hasta el penal, les llamaban “chilangos”. Años más tarde, el calificativo se extendió a todo sujeto proveniente del D.F., para referirse a él.

En Mérida, Yucatán, les decían “guachos”, por referencia a la soldadesca que llegó a Mérida en la época de la Revolución, procedente de la capital de la República. Este calificativo sin embargo, ha desaparecido para ser sustituido por el vocablo “chilango”, que es nacionalmente muy representativo.
¿Por qué los habitantes del interior de la Republica empezaron a distinguir con el mote de “chilangos” a los residentes del Distrito Federal? A continuación anoto las siguientes razones.

Hacia 1930, la ciudad de México tenía aproximadamente un millón de habitantes. Para 1960, esta ciudad y su zona metropolitana, ya contaba con una población aproximada a los OCHO MILLONES es decir, creció esta área geográfica a razón de doscientas cincuenta mil personas por año. ¿Cuáles fueron las razones de ello? La inmigración. A partir de ese momento, se hizo una dramática división de estilos de vida, de costumbres y hasta de ideas, entre los “chilangos” y los “provincianos”.

En el interior de la Republica efectivamente, después de la etapa revolucionaria, había muchas carencias de empleo, de estudio y de estabilidad económica. Los caciques regionales y la inseguridad, asolaban sobre todo, a las familias más pobres, la cuáles se empezaron a concentrar en la ciudad de México, en busca de oportunidades y de una mejor calidad de vida que muchas veces, empeoró, pero ya no regresaron a sus pueblos y ciudades. Prefirieron hacer esfuerzos y pasar carencias, antes de regresar a su tierra y soportar la burla de sus coterráneos (ver la película “El Milusos”, con Héctor Suarez).
Cuando esos “nuevos” capitalinos iban a su pueblo o ciudad natal a visitar a sus familiares o amistades, presumían de “su nueva tierra”. Hacían gala de logros que, en la mayoría de los casos eran inexistentes.

Los nuevos capitalinos-provincianos, llegaban a sus pueblos y ciudades de origen, y mencionaban con estridencia, los inexistentes o relativos éxitos de su vida “civilizada” y “boyante” en la ciudad de México;  hacían gala de que conocían el Palacio Nacional, el Palacio de las Bellas Artes o Chapultepec y que se codeaban con todos los grandes políticos, artistas y deportistas famosos. Pocas cosas de estas eran ciertas porque la verdad, es que muchos de ellos jamás entraron a visitar el Palacio Nacional, ni habían acudido a presenciar algún evento en Bellas Artes, y en cuanto a Chapultepec, sólo habían acudido a ensuciar este hermoso parque, pero no conocían el Museo de Historia ubicado en el Castillo o el Museo de Antropología ni mucho menos el conjunto de sus hermosas piezas que ahí se exhiben. También era falso que fueran conocidos de políticos o artistas famosos.
  
A esos provincianos renegados les fue aplicado inicialmente el adjetivo calificativo de “chilangos” como forma de burla hacía, aquellos que siendo igual que sus coterráneos se consideraban, después de un tiempo de residencia en la ciudad de México, como entes superiores.  Este mote se extendió tiempo después, a todos los demás habitantes de la ciudad capital sin distinción de origen, porque en alguna forma mostraban cierto dejo de suficiencia en su trato hacía a una persona del interior del país sobre todo, si ésta era de condición humilde.

Esta migración de diversos lugares de la República hacía la ciudad de México, ya se detuvo y ahora es al revés: muchos defeños han marchado a alguna  ciudad o población de nuestra nación y lo han tomado como su lugar de residencia, viviendo una etapa que sin duda, ha sido la mejor de su vida. Eso empezó a suceder, después del sismo de 1985. Eso es un indicio innegable de que a la fecha, la ciudad de México no es el mejor lugar para vivir. La prueba es que, desde hace treinta años aproximadamente, por causa de la migración, numerosas ciudades del país han incrementado espectacularmente el número de sus habitantes, en tanto que el Distrito Federal y su zona metropolitana, han mantenido un crecimiento modesto. 

Ahora, a inicios del siglo XXI, la brecha entre la ciudad de México y las principales capitales del interior del país, se ha cerrado espectacularmente. Ya no hay grandes diferencias entre la ciudad de México y Guadalajara, Monterrey y Puebla, puesto que esas ciudades han incrementado sus áreas de oportunidad, debido a grandes mejoras urbanas y por el desarrollo de sus zonas industriales, comerciales y de servicios, así como han mejorado notablemente su actividad cultural.  Estas ciudades tienen inclusive, algunas ventajas políticas sobre el Distrito Federal. Por ejemplo: ¡No las gobierna (con perfiles de una permanente dictadura), ni el PRD ni Morena!, partidos dizque de izquierda pero igual de inmorales. Ya hartos de esta voracidad de los políticos, en el interior de la República concretamente, en el estado de Nuevo León existe un  candidato independiente que fue constitucionalmente electo por una aplastante mayoría de ciudadanos. ¿Cuándo habrá algo así en el Distrito Federal?

La ciudad de México cuenta con algunas ventajas, producto del centralismo. Es el asiento político o administrativo de instituciones públicas federales. La ciudad de México es la más subsidiada de todo el país, y de ahí sus grandes recursos presupuestales. Por virtud de que el Gobierno Federal tiene ahí el asiento de sus Poderes, realiza fuertes y costosas inversiones en materia de infraestructura pero ese, no es un mérito de las autoridades de la ciudad de México..

Queda aún mucho de la Ciudad de los Palacios que describió Humboldt, o de la Región más Transparente del Aire, como la llamó la Marquesa Calderón de la Barca. Es el lugar de residencia de la Virgen de Guadalupe o el asiento del ilustre Colegio de San Ildefonso, de los grandes murales de Rivera, Orozco o Siqueiros o de la Diana Cazadora. Los monumentos precortesianos y coloniales son numerosos. Fue el lugar en donde se fundó el antiguo México-Tenoxtitlan que deslumbró al propio Hernán Cortés.  “Mientras el mundo exista, permanecerá la gloria de México-Tenoxtitlan”, dice una hermosa frase, tomada de un Códice precortesiano y que está labrada al pie de una muy bella fuente con la escultura importantes personajes aztecas, en una explanada que se ubica frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia.

Las ciudades y aún los pueblos de nuestra extensa República, cuentan también con numerosas obras arquitectónicas, tanto precortesianas, como coloniales y desde luego modernas. Sus áreas industriales y comerciales así como su actividad cultural son muy importantes; sus universidades están al nivel de la mejores del país y en general su clima, sus bellezas naturales y una buena calidad de  vida, han motivado que numerosos capitalinos salgan gustosos de esa complicada urbe de la ciudad de México.
En conclusión: ¿Qué lugar del país es mejor para hacer tu vida: La ciudad de México o alguna ciudad o pueblo del interior de la República?  Esos espacios geográficos ofrecen grandes áreas de oportunidad a todos. Tú tienes la palabra, y…..no des mucha relevancia si te llaman “chilango” o “provinciano”. En ambos casos, hablará la voz de la envidia.


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