lunes, 17 de octubre de 2016

Caso Veracruz

VERACRUZ
TODO SE REVOLVIÓ PARA…   SEGUIR IGUAL
          
Rogelio Martínez Vera

El día 13 de octubre de 2016 presentó finalmente su renuncia al cargo de Gobernador del Estado de Veracruz, el señor Javier Duarte. El Congreso del estado resolvió designar en ese cargo en forma interina, para que termine el período gubernamental de seis años que expira el próximo 30 de noviembre, al señor Flavino Ríos Alvarado, quien ocupaba el cargo de Secretario General de Gobierno con el citado señor Duarte.
El gobernador que ha renunciado fue acusado penalmente de varios delitos ante la Procuraduría General de la República: por enriquecimiento inexplicable, por haber hecho mal uso de cuantiosos recursos federales, por haber dispuesto de manera ilegal del producto de las contribuciones del Estado, por haber hecho pagos de obras y servicios contratados por el Gobierno del Estado a empresas inexistentes y por otros graves delitos. Es el caso de que la dependencia encargada de las investigaciones para dar trámite a las denuncias ante la autoridad judicial, ha actuado con una gran lentitud, que nos conduce a los ciudadanos a pensar que ha habido en este caso, una gran complacencia de parte de los órganos encargados de la procuración de justicia, para retardar las acciones y permitir, como se dice en política: “que las cosas se vayan enfriando”.

Como contrariamente a lo esperado, las presiones sociales y políticas en contra del tristemente célebre señor Duarte han ido en aumento por parte de sus paisanos, quiénes ya no soportan las conductas presumiblemente ilegales que continúa cometiendo su gobernador, en días pasados su Partido Político, el PRI, manifestó la necesidad de suspenderlo en sus derechos, mientras no se resuelva su situación jurídica. Este sainete político ha dado por terminado el primer acto de su “puesta en escena”, con la renuncia de Duarte al cargo de Gobernador del Estado. Efectivamente, se trata de una renuncia y no de una licencia, porque ese señor, no volverá a ocupar nunca el cargo de gobernador, para fortuna de los Veracruzanos.

Tal hecho motivó la alegría de los sufridos pobladores de la entidad, que ya están horrorizados ante tantas conductas reprobables de parte del señor Duarte y de casi todos sus colaboradores gubernamentales.

El último intento de una acción corrupta del Gobierno de esta persona, fue el de haber presentado ante el Congreso del Estado, que es un órgano incondicional del gobernador, una solicitud de autorización para que pudieran ser donados a un particular diferentes y valiosos bienes inmuebles propiedad de la entidad. Me parece que este fue el chorro que derramó el vaso de la paciencia del Presidente de la República y, pues, hablando en un lenguaje directo y veraz, éste lo corrió del cargo.  

No cabe duda, el señor Duarte ha sido el peor gobernador de los muchos malos gobernadores que ha padecido este rico estado de la República, uno de los más ricos. Se encuentran en esta entidad actividades petroleras abundantes; su industria y su comercio son actividades redituables; su ganadería y agricultura son dignas de destacar con luz propia: café, tabaco, cacao, plátano, naranja; la pesca en sus extensos litorales, el turismo en sus abundantes playas, las maravillosas poblaciones, sus ruinas arqueológicas y monumentos coloniales, hacen de Veracruz una entidad de excepción. Sin embargo, en este momento se padece inseguridad en un grado superior al de casi todos los estados de la República; una gran pobreza en el campo y en las ciudades. El Porcentaje de personas en posición de pobreza extrema es superior al de otros muchos estados de la República y el enojo y la intranquilidad de sus habitantes, se nota por doquier.  

En consecuencia, Duarte tenía que dejar el cargo de Gobernador, pero no para irse a su casa, sino para presentarse ante las autoridades y ponerse a disposición de ellas, a fin de que estas procedieran a integrar el cúmulo de averiguaciones previas enderezadas en contra de este señor, y proceder en consecuencia. Es decir, en el curso de estos días, el señor Duarte debería estar posiblemente en prisión, como presunto responsable de los delitos que se le imputan.

Pero es el caso de que el señor Ríos Alvarado, ahora flamante gobernador del Estado, es presumiblemente corresponsable de algunos de los muchos delitos que se le imputan a su jefe, al gobernador saliente, y debiera responder por dichas conductas indebidas ante las autoridades. No, lejos de eso se le nombra en el cargo, obstaculizándose con ello, las acciones decididas y prontas de parte de los órganos encargados de la administración de justicia. En consecuencia, la designación del gobernador interino, vino a resultar “la misma gata, sólo revolcada” y así, pensamos que lejos de aclararse el panorama político de Veracruz, éste enturbiará más en los casi cuarenta días que le restan a este gobierno, porque es lógico que el flamante nuevo gobernador va a hacer todo lo posible por cubrirle las espaldas a su jefe Duarte y las de él mismo, seguramente con el fin de que éste detenga la andanada de reclamos del pueblo y así dar tiempo a que el nuevo gobernador asuma su cargo el día primero de diciembre, ya sin ningún otro contratiempo y posiblemente, habiéndole bajado varios puntos a todos los reclamos y acusaciones que formuló durante su campaña. La promesa sería: eso, a cambio de ayudas económicas federales, para sacar adelante los graves adeudos que deja el gobernante saliente. No duden que ese sea el trato. Ya se han hecho estas secretas negociaciones en otras entidades encontradas en condiciones deplorables en fechas recientes (Nuevo León, Quintana Roo y Chihuahua).


En una recta interpretación de este tema tan importante de la ciencia política existe esta teoría: No se gobierna bien, si se tolera que los males persistan. Debe atascárseles de manera integral y con acciones decisivas, no retardatarias que alteren o diluyan parte de los hechos. Justicia retardada, es justicia denegada.



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